Putitas y putitos… el incómodo alegato de Odet a las otras

Por Paco Gómez Nadal

Si el teatro es posible ágora para que lo individual se haga común, para que lo subterráneo aflore entre las grietas, para que lo conflictivo se traduzca en lo necesario… si todo eso es una posibilidad, este sábado se materializó en el Café de las Artes con ‘Odet y las otras’, la pieza de Anna Albaladejo que no es tan suya como de la vida invisible, de las nadies periféricas, de las no humanas tocando a las puertas de la muralla agrietada que habitamos.

El puente de las artes escénicas con la vida tiene que ver con la renuncia al onanismo creativo. Albaladejo, con ‘Odet y las Otras’, decide poner la escena al servicio de la construcción de puentes entre la ciudadanía re-conocida – nosotras y nosotros, blancos, blancas, protagonistas del apocalipsis, espectadores siempre de nuestras propias vidas – y lo que Fanon habría denominado como subhumanas o no-humanas: las prostitutas, las trabajadoras del sexo que viven desde hace siglos en el pliegue de lo visible.

Para ello, se sirve de una marioneta con alma ancestral, de una vieja prostituta de la mancebía de Valencia, o de la de Sevilla, o de los arrabales de Santander, qué más da… y construye un relato que inicia con el peso abrumador del estigma y de la culpa – ¡furcia, ramera, puta, indigna, perra, mala mujer…! -, pasa por la re-apropiación de esa huella social, por la potencialidad brutal de la autoceptación y el control del propio cuerpo – ¡es mi cuerpo, es mi coño! -, por la maravillosa resistencia desde el placer, hasta llegar a un final demasiado evidente pero, quizá, necesario, en un tiempo en el que las metáforas son aprehendidas como prosaicas imágenes estetizadas.

Anna Albaladejo y Mirem Vidal acompañan en ese recorrido a la vieja e inmortal Odet para reivindicar a aquellas mujeres que optan por el trabajo sexual como decisión laboral y que exigen la condición de humanidad usurpada por una sociedad demasiado complacida del amable espacio de confort del adentro moralmente impluto.

Fuera, fuera, queda mucha gente: putas, presos y presas, personas con enfermedades mentales, migrantes, personas con adicciones, pobres de solemnidad… Así lo recordaba Belén Ledesma en la segunda parte del espectáculo. Ya sin luces, ya sin banda sonora, se daba un encuentro entre espectadoras y espectadores que, utilizando a las creadoras como puente, dialogaron con Belén, fotógrafa y trabajadora sexual que explicita lo que en escena era pulsión y comparte desde la experiencia individual lo que es reclamo colectivo: la rehumanización de su colectivo a partir del ejercicio pleno de sus derechos laborales y sociales. La sociedad española, que siempre ha dejado en el extramuros los lugares de prostitución, tienen problemas para digerir la realidad existente y lejos de lo que Belén Ledesma y muchas de sus compañeras exigen – la legislación pro derechos – camina hacia la abolición total de la prostitución. “El que se dice el gobierno más feminista de la historia pretende ‘rescatarnos’ y va a dejar desprotegidas a unas 60.000 mujeres cuya única opción será volver a los entornos laborales precarizados de los que salieron huyendo antes”.

Odet es un pequeño milagro en un pequeño teatro en medio de la gran distopía que es la ‘normalidad’. El milagro, si puede existir, del encuentro de lo invisible con lo visible, de las deshumanizadas con las que creen ser humanas, de las artes escénicas con un sentido más trascendental que la mera belleza… Pero Odet, al tiempo, es una buena propuesta escénica, cuidada y trabajada, donde el relato de una marioneta – a la que Albaladejo presta voz, piel y piernas – fluye hasta despeñarse en alegato, que – insisto -, aunque totalmente prescindible desde el punto de vista escénico, quizá sea necesario en tiempos de ceguera y supuestos. La incomodidad de lo invisible acarició a las 16 mujeres y 9 hombres que se quedaron al encuentro, quienes después de la noche clandestina quizá ya estén listas para prestar sus 50 piernas dispuestas en el círculo mágico del encuentro al placer como estrategia de resistencia a este sistema doloroso, a esta sociedad que con tanta facilidad excluye, marca y confina. Las Otras son sentido… así que, putitas y putitos, a despertar y a romper murallas.