Bailar o bailar

Por Paco Gómez Nadal

Una noche en una sala de artes escénicas puede ser equivalente a un viaje sideral. No por el subidón de escalar las nuevas gradas de El Café de las Artes -¡qué cambio tan maravilloso!-, sino por el viaje por diferentes dimensiones de la danza contemporánea que facilitó la ‘pastilla’ energética de la V Reunión Movimiento en Red.

Una hora y media de muestra de danza contemporánea puede ser un agujero negro o una galaxia espiral que aloje lo posible y, a veces, como cuando Leïla Ka tomó la escena, lo imposible. Los encuentros de Movimiento en Red cada vez son más espirales de posibilidades y siembra de creadores y público.

Primer viaje sideral: ver la sala del Café de las Artes con un centenar de personas aplaudiendo a rabiar cuando es danza contemporánea lo que se está jugando. ¡Objetivo cumplido para las organizadoras! que, humildes hasta la invisibilidad, ceden cuerpo y trabajo para que otras aprendan, creen, provoquen.

Segundo viaje sideral con vaivenes: tres propuestas diferentes de creadoras seleccionadas por el proyecto que, con calidades y puestas en escena radicalmente divergentes, muestran búsquedas necesarias y resultados, en algunos casos, más que esperanzadores. Fletán Dúo, dos hombres del patio con cierta obsesión por el filete de panga, una buena dosis de humor y calidad teatral que propusieron un espectáculo donde la danza era menos que lo teatral, pero en el que el atrevimiento, la inteligencia y una corporalidad retadora lograban mantener la tensión y la atención de un público que disfrutó de lo lindo. Gloria Borge Lasarte, de Gijón, apostó por un solo muy solo. Una puesta por la coreografía pura y la danza sin más atributos que la danza que, al parecer de este torpe cronista, necesitaba más técnica y menos técnica (demasiados pasos que había que dar, demasiada previsibilidad en un mundo de lo imprevisto). Y Arantza Iglesias (Bilbao) cerró el trío de propuestas abriendo una ventana a voyeurs en el que bailar es gozar, en el que negar es vivir y en el que la música mántrica de lo postindustrial conectaba con lo más tribal y lo más radical que una mujer puede contener.

Viaje intergaláctico: y entonces… llegó Leïla Ka. Un primer giro de cabeza, un primer dislocar un hombro y el viaje cósmico estaba anunciado. ‘Pode ser’ fue un solo corto, intenso, brutal, milimétrico, sin nada al azar. Cerrado como sólo pueden estar cerradas las grandes obras.

En escena una mujer con tres focos. La lucha por salir de los corsés que la propia danza y el patriarcado imponen. La luz que nos expone y en la que la lucha es violencia, la sombra donde se puede ser hasta donde se quiera ser. Técnicamente, Leïla Ka dio un recital; pero lo poderoso de su solo rezumaba en las emociones, en la perfecta sencillez a la que se llega desde lo complejo.

Anoche vimos a dos hombres que no bailaron para bailar, a una mujer que bailó sin olvidarse de bailar, a otra mujer que bailó porque quería bailar y a Leïla Ka, que bailó para demostrar que el cuerpo es una pluma que escribe con la contundencia y la suavidad de la mano que la dirige.

Fin del viaje: salir del Café de las Artes para caminar por la ciudad de paso con  una sonrisa dibujada y una fe inquebrantable en la creación. ¿Se puede pedir más? Sí… El V Red va a terminar con dos danzantes galácticos en escena: Leïla Ka repite y esta vez junto a Alexandre Fandrad, el hombre que hace un año nos regaló 13 minutos y 35 segundos únicos.

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